Otra noche más de teatro sin que sea nunca una noche más. Siempre es "la noche". Es posible que a la mayor parte del público no le gustara el resultado de meses de trabajo, es posible que el teatro aficionado que hacemos con todo el cariño y dedicación deje mucho que desear. Pero lo cierto es que para nosotros, los taetreros, es el mejor regalo que podemos hacerle al público. Nos pasamos semanas buscando el mejor detalle, envolviéndolo con cariño y transportándolo con delicadeza hasta la calle Nueva, para que, aunque sólo sea un espectador, ponga una feliz cara de sorpresa al abrirlo.
Aparte, tenemos que desenmascarar la parte más egoista de estos actores y directores aficionados. Sí, somos egoistas. Lo somos, no porque busquemos el protagonismo y el aplauso (que alguno habrá que así lo haga) sino porque no podemos evitar caer una y otra vez en la búsqueda de la satisfacción personal, de la subida estrepitosa de adrenalina que supone subirse a las tablas con un Moderno lleno de gente. Es indescriptible.
Detrás del telón, como en todas las ediciones, muchos nervios, mucha inseguridad, mucha risa descontrolada y mucho enfado sin sentido (todo hay que decirlo) fruto de la histeria colectiva.
A todo esto, agradecer al público asistente (amigos nuestros y amigos del teatro, familiares, aficionados y críticos) el respeto mostrado y el calor percibido en aquella sala. Agradecer a gente como Jony, Ana, Rocio, Carmen y todos los demás, el abrazo y el beso de ánimo, de cariño sincero que nunca falta con ellos. Por supuesto, agradecer a todos los actores que se estrenaban este año (Ana Belen, Ana, Fernando) su entusiasmo, su dedicación y lo mucho que nos enseñaron aquella noche (Enhorabuena!). Y agradecer, por último, a todos los técnicos del Moderno, a Jesús Romero, porque siempre están dispuestos a hacernos sentir como en casa. Gracias por vuestra profesionalidad y vuestra cercanía.
Taetro debe seguir adelante, uno de los principales motivos es precisamente el patio de butacas lleno un viernes de lluvia en el que lo que menos se apetecía era salir de casa. Con más o menos gente, con zancadillas o tropezones, con dioses paganos o con gente de a pie dando vueltas por un local que debe aprovecharse, debemos seguir adelante.
Gracias al teatro, sobre todo, por completar una parte de mi que sentí vacía durante muchos años. Y, para terminar este artículo, gracias sobre todo a don Paco Tellez (gracias Dios Mío, jeje), porque en estas semanas juntos, no sé si me has enseñado más como persona o como genio del teatro. Safiya es mucho más tuya que mia.
Gente, gracias por hacerme sentir viva cada ensayo, cada estreno. Gracias!
Rareza espacial
Hace 6 años
