
Impresionada me he quedado con el último producto que ha lanzado la industria norteamericana al mercado: Barack Obama. Qué maravilla. Qué campaña de publicidad, qué manera de conseguir relanzar el sueño americano y encoger los corazones de una población dispuesta a creer. Ni Coca-Cola...
En cualquier caso, y así lo comentaba un amigo y compañero días atrás, lo mejor de productos como Obama es que consiguen precisamente eso: levantar la ilusión y movilizar a una masa de ciudadanos que necesitan creer y, por otra arte, necesitan respuestas (más complicado esto último). Ya si entramos en otras cuestiones... que no se pidan peras al olmo, que el líder mundial no puede confundirse con los Reyes Magos.
Quiero decir, a estas alturas, a esta velocidad a la que avanza la enfermedad mortal que padece el capitalismo, no podemos ser ingenuos y pedir los cambios que necesita el orden mundial al presidente estadounidense.
Hace tiempo ya que los grandes conglomerados económicos mundiales, las grandes multinacionales, manejan la economía activa y pasivamente. Lejos quedan ya las competencias reales que los gobiernos estatales pudieran tener en cuanto al sistema económico-financiero mundial.
Así pues, Obama tiene todos los visos de convertirse, o ser ya, (salvando las distancias) en el "bamby" español a la americana. Un presidente que lleve a cabo políticas sociales que deslumbren, que cubran de manera superficial las expectativas de cambio de la ciudadanía. Bien lo hizo Zapatero en este país nuestro en su primera legislatura. Nada como una serie de medidas sociales (véase matrimonio gay) para escenificar ese giro a la izquierda, esa nueva sensibilidad en el gobierno de un país escandalizado por el radicalismo de Ansar y su apoyo a una guerra sin sentido.
Poco más o menos, el mismo escenario, mucho más radicalizado, que se encuentra Obama, y el mismo tipo de producto, elevado a la enésima potencia.
Qué se puede esperar de este presidente. Hombre, cuando no se exige mucho, se siente uno satisfecho con lo poco que recibe. No es el caso, son muchas las expectativas puestas en el presidente morenito. Así pues, no esperemos que Estados Unidos deje de ser una apisonadora sobre el sur, no esperemos que dejen de decidir el futuro de millones de población de la forma más frívola por vender un par de bombitas más... No seamos ingenuos, que ningún partido, ni ningún presidente, por muy demócrata que sea, llega dispuesto a jugarse el tipo para romper el orden establecido (sobre todo porque de ser así, no duraría dos telediarios).
El orden establecido se está rompiendo solo, resquebrajándose poco a poco, afortunadamente, aunque de forma no poco dramática. La tan traida y llevada crisis es para muchos un síntoma inequívoco de que el cáncer del capitalismo se ha extendido con demasiada rapidez y ahora ya está en fase terminal. El mundo no se sostiene ya en el consumo masivo. Llegan ahora miles de preguntas sin respuesta. ¿Tiene Obama las soluciones al enigma? No lo creo. Aún así... quién soy yo para decir que los Reyes Magos no existen.
4 comentarios:
Eeeeeeehh! Por fin has claudicado y empiezas a aprovechar todo lo que tienes dentro para darlo a conocer a otros. Me alegro... y por cierto, gracias por hacerlo. Era necesario... imperosamente necesario.
Gracias Bo!!!!
Qué bien me siento de volver a escribir, jejeje. Se echaba de menos.
Espero ir actualizándolo periódicamente. Gracias por tu visita maestro (en el país de las navajas).
Ole q arte!, me alegra mucho poder leerte por aquí. Me gusta tu estilo nena, jeje. Aunque ojalá sí que existan los Reyes Magos y el Capitalismo no sepa reinventarse, aún así le estamos dando un buen escarmiento...jeje!;)Muchos muxus!!!
a tí como te vienen los cambios en Chiclana?... no sé si alegrarme, enfadarme y que me la repampinflen... así que tú dirás xd
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